
Últimamente publico pocas recetas de carne. Con una dieta en la que predomina el pescado y la carne blanca, los platos de carne roja los dejo para comidas especiales, bien porque venga una amiga a comer o porque estén en casa María y Ricky, entonces hago un cachopo, un roast beef, o algún favorito de los comensales y suelen ser recetas que ya están publicadas.

Estas albóndigas son las favoritas de un peque- invitado que de vez en cuando viene a casa y que hasta me ayuda a en la cocina y como recompensa siempre elige que le prepare albóndigas.

Son las albóndigas más simples y tradicionales que pueden hacerse, las de toda la vida, sin ingredientes añadidos, en salsa de cebolla (curioso que al peque le guste más esta salsa que la de tomate).

Ingredientes:
750 g de ternera picada
2 cebollas
2 dientes de ajo
1 huevo entero y 1 yema
Unas ramas de perejil
Sal
100 ml de vino blanco
150 ml de caldo de carne o agua
1 cucharadita de harina




Se pican las cebollas muy finas y también los dientes de ajo. Se pochan a fuego suave en aceite de oliva y se les pone un poco de sal, hasta que queden tiernos y ligeramente dorados.




Ponemos la mitad en la carne que tendremos en un bol y reservamos la otra mitad.




Añadimos al bol de la carne el perejil muy picado, el huevo y la yema, sal, y si nos gusta, un toque de pimienta. Amasamos para que quede bien mezclado y dejamos reposar un rato para que la carne tome los sabores.


Espolvoreamos con harina la encimera o una bandeja en la que vamos a formar las albóndigas. Nos untamos las manos en aceite y vamos cogiendo masa, formamos bolas un poco mayores que una nuez.


Ponemos aceite en una sartén amplia y cuando esté caliente echamos las albóndigas. Cuando tengamos llena la sartén la movemos en vaivén para que el aceite pase por encima de las albóndigas y no se abran. Las freímos a fuego medio y les damos la vuelta.


Cuando estén doradas y hechas por los dos lados las sacamos a un plato y freímos otra tanda.




Cuando terminamos de freír las albóndigas retiramos parte del aceite y dejamos un poco en la sartén junto con la parte oscura que han soltado las albóndigas al freírlas. Echamos la cebolla pochada que habíamos reservado y refreímos para integrar el jugo.


Ponemos media cucharadita de harina, rehogamos para tostarla y añadimos el vino. Dejamos que evapore el alcohol y ponemos el caldo (o agua) hervimos hasta que ligue la salsa.




Echamos las albóndigas y les damos un hervor (no necesitamos prolongar mucho la cocción porque las albóndigas ya están hechas). Apagamos y dejamos reposar.

Como la ocasión lo merecía y era un plato único para Javi, hice unas patatas fritas especiales, con mucho, mucho corazón.

Espero que os guste.


